¿QUÉ HACER CON EL MIEDO?

El miedo, ¡qué gran enemigo! Pero a la vez, ¡qué gran amigo! ¿Por qué?

Por un lado, está el miedo que nos avisa de un ataque, un peligro y nos “despierta” para que nos defendamos. Este es inherente en todos. Es una herramienta que tenemos para sobrevivir. Pero también hay otro miedo. El miedo bloqueante y que nos paraliza. Aquel que nos muestran cosas que no son.

Este miedo “negativo” no aparece por maldad, no es para atacarnos. Pero nosotros lo sentimos como tal, aunque en realidad no sea así. Pero el sentimiento está ahí. Aparece por sí solo.

El problema es que cuando tenemos este miedo “negativo” nos infravaloramos. ¿Qué pasa entonces? Nos bloqueamos y nos quedamos paralizados. Ahí quietos sin poder hacer nada en su presencia. Pero, a la vez, ese “no poder hacer nada” nos hace ser agresivos, tanto con nosotros mismos, como con los demás. De pequeños nos enseñaron que la mejor defensa es un buen ataque. Entonces, mejor atacar.

Sin embargo esto no nos lleva a nada. Lo único que nos trae es más dolor y más sufrimiento. ¿Sabes cuál es la mejor herramienta contra este miedo bloqueante? La compasión hacia nosotros mismos. Siendo cálidos y amorosos. Desde ahí, desde ese amor, podemos crear nuevas emociones y nuevas formas de reaccionar ante ese miedo y ayudar a sentirnos mejor.

Por eso te recomiendo a que, cuando veas a alguien sacando su ogro particular, trates de recordar que detrás de esa actitud descontrolada hay algún miedo encubierto. Esa reacción, ese comportamiento es el efecto de una causa previa, un miedo que hay ahí escondido.

¿Cuál? No lo sabemos. En la mayoría de las personas con las que nos relacionamos ignoramos dónde puede estar el origen de ese miedo. Estamos viendo el efecto que este genera. Pero en nosotros mismos la cosa cambia.

Por eso te invito a que, cuando te veas desbordado saltando cual bomba atómica, intentes ver qué miedo es el que está actuando en ese momento. Identifica ese miedo y date amor.

En los dos casos, en el de ti mismo o en el de la otra persona el origen está en un miedo. Date amor a ti mismo, da amor a la otra persona. ¿Cómo? Siendo comprensivo y cálido con el otro y contigo mismo.

Ese es el mejor modo de elevar tu vibración, la vibración de la otra persona y ayudar a salir de ese pozo infinito en el que el miedo nos mete.

 

-Sara Estébanez-

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