TÚ ANTES

De pequeños nos enseñaron que era de mala educación pensar en uno mismo. Primero eran los demás y después nosotros. ¿Te suena de algo?

Está muy bien. La idea es maravillosa. ¿Pero nosotros? ¿Dónde estamos? ¿Los últimos de la fila? ¿Priorizamos las necesidades de los demás a las nuestras?

Ayudar al otro está genial, pero si nosotros no estamos bien, poco podremos hacer.

Con esto no quiero decir que seamos unos egoístas y sólo pensemos en nosotros mismos. ¡Para nada! Lo que pasa es que si yo no me encuentro bien, difícilmente podré dar lo mejor de mí al otro. Puede ser que le dé un granito de arena con esa ayuda. El problema es que ese granito lo necesito yo.

Imagínate una pila o la batería de un equipo. Si no está llena del todo y da parte de su energía a los demás, se irá descargando poco a poco hasta llegar a “carga cero”. ¿Consecuencia? Se fundirá y se apagará sí o sí.

¿Cuál es el mejor modo de ayudar a las personas que apreciamos y a quien está a nuestro alrededor? Estando nosotros bien. Teniendo nuestras pilas cargadas al 100%. Sólo desde ahí podremos darle lo que realmente necesitan. Piensa en una batidora de casa. Si no la pones a velocidad máxima, difícilmente te hará una mayonesa en condiciones. Pues esto mismo sucede con la ayuda que necesita el otro de nosotros. Nos necesita a full. Ahí, con todas nuestras fuerzas en acción.

Puede ser que ese granito de arena que decíamos antes le venga bien a esa persona, pero lo más probable es que no le sea suficiente. Incluso, después de recibirlo, verá que tú estás “descargado” energéticamente, con lo que ese granito no lo podrá aprovechar al 100%.

¿Qué hacer entonces?

Es tu elección.

¿Mi propuesta? Ten tus pilas cargadas y desde ahí apoya a quien tú desees y veas que necesita tu ayuda.

Y si tus pilas no están repletas de energía, aquí, en nuestra sección del Principio de Vibración, tienes algunas claves de cómo elevar tu vibración.

-Sara Estébanez-

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