HOY Y AYER, UN VÍNCULO INSEPARABLE

Llámalo Karma, llámalo Principio de Causa y Efecto, o como tú quieras. El nombre da lo mismo. Pero lo que sí tenemos que tener totalmente claro es que todos nuestros actos, insisto TODOS, tienen una consecuencia, queramos o no. Seamos conscientes de ello o no. Más pronto o más tarde, viviremos el resultado al que nos llevan todos nuestros pensamientos y acciones que tuvimos en el pasado. Otra cosa es que nos percatemos de ello y encontremos el porqué de nuestras experiencias.

El problema es que esa “devolución” no viene de forma instantánea. No es un “hago una cosa” y al instante siguiente “experimento las consecuencias”. Luego, además dicha “devolución” tampoco tiene por qué venir ni de la misma persona, ni con la misma vivencia en sí. El modo, en la mayoría de los casos, es totalmente diferente.

Por eso muchas veces nos preguntamos el porqué de lo que nos acontece y no encontramos respuesta.

Nuestras experiencias son el fruto de todo aquello que hemos pensado, dicho o hecho en el pasado. Pero las experiencias que vivo como consecuencia de mis acciones son totalmente diferentes a lo que yo hice en un primer momento. No es te doy una manzana y tú me la devuelves. Las posibilidades son infinitas. Veámoslo con un ejemplo.

Pongamos que me dedico a insultar y maltratar verbalmente a alguien. La infravaloro. Pienso que no vale nada. Y se lo hago ver. ¿Cómo? Riéndome de ella y de todo lo que hace, menospreciando todo aquello que hace… Ahí está la causa. En mi propia forma de actuar. En lo que hago y en cómo lo hago.

El problema es que el efecto que yo sufro, mi experiencia posterior, casi nunca es la misma acción que llevé yo a cabo, ni la ejecuta la misma persona y mucho menos acontece de forma instantánea. Es decir, puede que pasen minutos, horas, días o semanas para poder ver el resultado de aquel menosprecio e infravaloración que le hice a aquella persona. Pero además, lo que decíamos antes, lo que yo reciba no tiene por qué ser en el mismo nivel. La respuesta no tiene por qué ser un menosprecio ante mi valía y mis acciones por parte de un compañero de trabajo. Puede ser cualquier otra cosa. Puedo vivir el menosprecio por parte del cajero de mi tienda habitual por no vestir a la moda. A lo mejor todo ello me lleva a no poder lograr aquello que me había propuesto. O que alguien en la parada del autobús me mire por encima del hombro… El número de experiencias posibles como consecuencia a mis actos es infinito.

Pero al ignorar que mi menosprecio a la otra persona está relacionado con aquello que me sucede posteriormente, me despreocupo de ello y culpo a los demás de mis experiencias negativas poniéndome en el papel de víctima. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? La mayoría de nosotros seguro que lo hemos hecho alguna vez.

¿Por qué? Desconocíamos que existía esa relación entre lo que hago y lo que me sucede. Bueno, lo desconocíamos o lo ignoramos y no lo tuvimos en cuenta.

Claro, que algo, algo… sí que sabíamos. ¿Qué te pasa si no estudias para un examen? En la mayoría de los casos que suspendes. Ahí sí que vemos la relación causa – efecto. Pero cuando esa analogía no es tan clara, ya no nos resulta tan fácil encontrarla.

Pero es así. Todo lo que yo pienso, digo y hago es la causa y el origen de mis experiencias futuras. Nadie más que yo es responsable de todo ello.

Y aun así, siendo conocedores de este Principio de Causa y Efecto, a veces nos permitimos el lujo de infringirlo. Como “nadie nos ha visto”… pues eso, nos creemos “inocentes” de toda culpa. Ya cargará otro con esa responsabilidad. Es un “Yo soy inocente, el culpable es el otro”. Y esas acciones da igual del tipo que sean. Pueden ser desde un saltarme el semáforo como peatón, hasta la cosa más cruenta que se te pueda ocurrir. El grado da igual. La persona responsable de todas mis decisiones soy yo.

YO SOY LA CAUSA DE TODAS MIS EXPERIENCIAS.

Pero que esto no te lleve a sentirte culpable por nada. TODO LO CONTRARIO. Lo que ha pasado no lo puedes cambiar.  Lo que sí puedes hacer es modificar es cómo actúas ante lo sucedido.

 “No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir,

sino lo que nos decimos sobre estas cosas.”

EPICTETO

Continuación 1

Continuación 2

 

-Sara Estébanez-

 

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