TODO DESCOLOCADO

– Estoy hasta las narices. Mi pareja deja todo por medio. Lo deja ahí. Y hasta que yo no lo recojo, está ahí, perenne. Claro, yo estoy todo el día en casa. ¿Y quién recoge las cosas? Pues yo.

 -Ya.

– Tú entiendes lo que te digo. ¿Verdad?

– Sí, te entiendo, pero no del modo que tú pretendes que te crea.

– ¿Cómo es eso?

– Fíjate. La verdad yo no cuestiono que tu pareja deje las cosas ahí tiradas. La ropa ahí hecha un gurruño arrugándose.

– ¡Justo! Y encima, no sé si está limpia o sucia. Claro, si es una camiseta o una camisa, es para lavar. Pero los jerséis, ni idea. Tengo que mirarlos detenidamente a ver si huelen o si tienen manchas. Y eso me lleva tiempo.

– Esto ya me lo has contado más de una vez. Pero ahora yo te pregunto. ¿Cuántas cosas dejas tú por ahí “hechas un gurruño” como tu pareja su ropa?

– ¿Yo ropa? ¡Nada!

– No te digo ropa. Te digo otras cosas. Libros, mochilas, zapatos, la bolsa de la compra… Cosas así.

– ¡Jolines cómo eres! Los libros no los voy a estar guardando en la estantería y buscándolos cada vez que voy a leer. Todos los días leo.

– ¿Todos los días? ¿De todos los libros que te estás leyendo? Yo te conozco. Lees más de un libro a la vez.

– Bueno… Intento leer de todos. Pero no me da tiempo. ¿No ves que tengo que invertir mucho tiempo en recoger sus cosas? Claro, recojo sus cosas y no me da tiempo a recoger las mías.

– Fíjate, te voy a proponer un juego. Tírate esta semana colocando sólo tus cosas. Deja las de tu pareja ahí, quietas, donde las ha dejado. Haz como si no las vieras. Y sólo dedícate a las tuyas. Prueba esta semana y el lunes que viene nos vemos y me cuentas a ver cómo va la cosa. A ver si todo sigue igual.

– Vale.

Llegado el lunes volvimos a vernos.

– ¿Qué tal estás? ¿Cómo ha ido todo?

– Si no lo veo, no lo creo.

– ¡Cuéntame! Me tienes en ascuas.

– ¡Impresionante! Ha sido como de la noche al día. De repente, sin saber ni cómo ni porqué, ha empezado a recoger su ropa. Al principio, metía en el cesto la ropa que había para lavar y dejaba los jerséis que estaban limpios y los pantalones doblados en una silla o en el sillón. Y luego, empezaron a desaparecer de ahí. Y de repente, como por arte de magia, desaparecieron. Era como si le hubiese salido patas a toda su ropa. Ahí estaba, colocada en su sitio toda ella.

– Esto te delata. ¿A que tú has hecho lo que te dije de colocar tus cosas y no dejarlas por ahí? ¿Quieres saber por qué lo sé?

– ¡Claro!

– Porque el de afuera es un reflejo nuestro. Si nosotros tenemos las cosas descolocadas, nuestra pareja también las tendrá todas por ahí esparcidas. Y lo mismo a la inversa. Si tenemos todo en su sitio, nuestra pareja también colocará las cosas en su lugar. Es la ley del espejo. Como es adentro, es afuera. Cuando tenemos un desencuentro con alguien, lo que tendríamos que hacer es mirar en nuestro interior y ver cómo nosotros estamos haciendo eso mismo por lo que criticamos al otro. Ahí está la clave.

– Sara Estébanez –

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