PLAN B

En nuestra realidad vivimos, como mínimo, entre dos opciones. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Las elecciones que tomamos son infinitas. Me levanto ahora de la cama o dentro de diez minutos, me tomo un café o un vaso de leche… y así hasta el infinito. Lo mismo sucede con el modo en el que vemos e interpretamos nuestra realidad. Vivimos en un mundo dual y de polaridades, bien-mal, bonito-feo… Esto sucede en todos los ámbitos de nuestra vida, la familia, el trabajo,  el ocio…

Lo mismo sucede con nuestras metas. Son una permanente decisión. Para empezar porque pueden surgirnos varias. Sacarme el carnet de conducir. Estudiar esta carrera. Irme de viaje, independizarme de mis padres… ¿Cuál elegimos? La que más nos apetece. O la que más nos gusta. O la que nos resulta más fácil de conseguir. O… Ahí está. Otra vez infinitas posibilidades. ¿Cuál priorizamos? Cada uno tiene su criterio a la hora de decidir. Elegimos una y dejamos de lado el resto de opciones que teníamos.

Ya con nuestro objetivo en mente, estableceremos qué hacer y qué no hacer. A dónde ir o no. Qué pensamientos son acordes a nuestro objetivo y cuáles no. Y desde ahí crearemos y desarrollaremos nuestro plan de acción.

En una palabra, pondremos nuestro foco en la meta que habíamos seleccionado. Dejamos el resto de opciones de lado y nos centramos en ella. Pero esto no siempre pasa así. Hay veces en las que a pesar de ir hacia el objetivo que nos habíamos propuesto como principal, nuestra mente está mañana, tarde y noche centrada en otra de las opciones que habíamos descartado. ¿Qué pasa con ello?

Te cuento.

Para empezar, estamos restando fuerza a nuestra meta principal. Pero, además, a nivel subconsciente,  nos estamos diciendo que la elección no es la correcta y estamos “pronosticando” nuestro fracaso. Pongamos un ejemplo.

Estás dudando entre estudiar la carrera de derecho en Madrid o irte a trabajar a un buque mercantil en Barcelona. Al final eliges que vas a formarte para ser abogado. Te matriculas. Vas a clase. Estudias… Pero, ¿qué pasa si tu mente está permanentemente centrada en esa oferta de trabajo  en Barcelona? Le pondrás más energía al buque mercantil. Tu mente no estará centrada en lo que te enseñen en clase. A pesar de estudiar, como tu mente está en otro sitio, no te aprenderás bien las leyes y las posibilidades de que suspendas son muy altas.

Está bien tener un plan B en mente. Pero recuerda, cuanto más  pienses en él, más probabilidades tendrás de que al Plan A no salga. Cuanto más  pienses en tu buque mercantil, será fácil será que suspendas y no te saques la carrera de derecho.

-Sara Estébanez-

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