P.A.N.

¿Te gusta el pan? Da igual que sea de trigo, sin gluten, de avena, de espelta. Da lo mismo. ¿Te gusta? Estoy que segura que sí. Pero lo llamas PAN, no NAP, ni APN, ni cualquiera de las combinaciones de este grupo de tres letras P – A – N. La única combinación que usas es PAN. ¿A que sí? Pues con la colocación de las personas en una familia pasa lo mismo. Fíjate.

Las siglas P.A.N. que te acabo de mencionar es el acrónimo de tres palabras PADRE – ADULTO – NIÑO. Divertido. ¿Verdad?

Cronológicamente, primero somos niños, después adultos, y más tarde padres. Ese es el orden sucesivo dado por la naturaleza. Piensa si no en un chimpancé. La cría de chimpancé no puede hacer de padre o madre de su progenitor. Es la cría, no el padre. Lo mismo pasaba con la palabra PAN. El orden de las letras es ese P – A – N.

Pero ahora vayamos a la parte humana y la colocación de las personas. Decíamos antes que el orden por edad es que primero está el PADRE, después el ADULTO y, por último, el NIÑO.

¿Qué significa esto? Escribiendo lo tenemos muy claro. Primero ponemos la P. Es la primera que nos mira. Después la A, la segunda que se pone frente a nosotros. Y para finalizar la última que nos ve, la N. Traducido esto al PADRE – ADULTO – NIÑO, el primero en vernos es el padre, después el adulto y para terminar el niño.

Como están frete a nosotros, mirándonos, la colocación entre ellos es el padre a la derecha del todo, el adulto en medio a la izquierda del padre, y a su izquierda, el niño. Es decir, el niño está a la izquierda de los dos. Tiene a su derecha al adulto y más a la derecha aún al padre.

Esa sería la colocación correcta, PADRE – ADULTO – NIÑO.

El problema surge cuando no respetamos ese orden. ¿Te acuerdas del chimpancé? La cría no podía no podía hacer de padre o madre de su progenitor. Pues lo mismo pasa con un niño. Si cambiamos el orden, le estamos poniendo en una función que no es la suya.

¿Qué le ponemos a nuestra derecha? Está haciendo de nuestro padre. Estamos escribiendo N – P – A, y no PAN. Y lo mismo sucede en cualquiera de las combinaciones que no resulten PADRE – ADULTO – NIÑO dentro de una relación. No te digo sólo dentro de una relación familiar. Cuando estamos con unos amigos. ¿Quién es el mayor? Ese es el que debería ponerse a la derecha del todo. A su izquierda el siguiente en edad y así sucesivamente.

Si no respetamos este orden de PADRE – ADULTO – NIÑO el conflicto entre las personas está asegurado. Si no, te invito a que pruebes a cambiar las posiciones durante unos días y analices con cuál estás más cómodo y cuál genera menos conflictos.

– Sara Estébanez –

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